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¿Cómo
debemos hablar con nuestros hijos pequeños? |
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Entre los dos y seis años de edad
se pruduce una explosión de crecimiento y desarrollo en el niño. Al cumplir los
dos años, por lo general, ya sabe usar las palabras y frases largas y complejas
con un vocabulario extenso que día a día se amplía. Al mismo tiempo, comienza a
darse cuenta del poder que tiene su habla para expresar sus sentimientos y deseos.
El niño empieza a comprender que con su habla puede controlar las acciones de
los otros, satisfacer sus necesidades y expresar sus estados de ánimo.
La interacción verbal lo ayudará a
relacionarse con otros, a aprender qué es bueno o malo y a irse independizando
poco a poco. De allí la importancia de saber cómo debemos hablar con nuestros
hijos para que el desarrollo de su habla sea lo más armonioso posible.
A continuación encontrará algunos
consejos útiles para lograrlo:
- Escuche atentamente
lo que su hijo quiere decirle:
Es importante que el niño
sienta que, cuando habla, su interlocutor lo escucha y le presta atención. Un
esfuerzo por "mejorar sus hábitos personales de escuchar" serán de
gran ayuda para facilitar la comunicación entre Ud. y su hijo. Para lograrlo le
sugerimos este ejercicio de cuatro etapas:
1) Durante dos o tres días,
concéntrese bien en evaluar cómo escucha a su hijo, cuánto le escucha y con qué
frecuencia. ¿Qué tópicos le interesan a Ud.? ¿Varía la intensidad con que
escucha, de modo que a veces sólo oye una pequeña parte de lo que dice su hijo
y en otras ocasiones está pendiente de cada palabra? ¿Le escucha Ud. con
paciencia sin interrumpir lo que dice? De todo lo que dice él ¿cuánto oye Ud.
de verdad? ¿Cuánto habla él y sobre qué? ¿Cómo reacciona Ud. cuando él le
interrumpe mientras dice Ud. algo importante? ¿Cada cuánto le mira Ud.
directamente al hablar con él? Le recomendamos que apunte sus observaciones. El
prestar atención a su modo de escuchar será la base de las tres etapas
siguientes.
2) Durante los dos días siguientes
(o más si Ud. prefiere) esfuércese por cambiar el "equilibrio" con
que escucha a su hijo con la intención de mejorarlo. No es posible escuchar
atentamente al niño siempre que abre la boca, mayormente si habla mucho, pero
tal vez decida Ud. escucharle con más atención. Es posible que Ud. necesite
cambiar su modo de reaccionar cuando él le interrumpe. Lo importante es
aprender que se pueden modificar los hábitos de escuchar.
3) Durante los próximos días, haga
un esfuerzo sincero por escuchar algo más que el significado de las palabras de
su hijo. Además de sus palabras ¿qué sentimientos expresa? Él enviará mensajes
implícitos y emocionales con la voz, infecciones de palabras, pausas,
repeticiones, lentitud o rapidez de hablar, y su modo de mirar (o no mirar)
directamente a la persona con quien habla.
Ejemplos.
¿Le habla a Ud. con gimoteos aunque les habla naturalmente a otras personas?
¿Tiene miedo cuando habla con ciertos familiares? ¿Se le nota una inflexión
ascendente al pronunciar el nombre de "mamá" sobre todo cuando quiere
atención? Repite palabras más al hablar con unas personas que con otras? Al
hablar con muñecos o compañeros imaginarios estando solo ¿habla sin dificultad?
En esa situación ¿habla con más confianza y autoridad de las que emplea con la
mayor parte de las personas?
Ud. terminará escuchando con mayor
comprensión si sigue estas tres etapas, y aprenderá a reaccionar debidamente
tanto al sentido de las palabras como a los sentimientos. En esto estriba la
buena comunicación. A medida que vaya estando más consciente de la necesidad de
escuchar (y a veces de no escuchar), Ud. descubrirá modos de reconocer lo que
es importante para su hijo sin abandonar el trabajo o las diversiones
cotidianos. Ud. encontrará medios de comunicarle que los quehaceres exigen su
atención sin escamotear el cariño que siente por él. No obstante, a veces le
será necesario interrumpir sus actividades para hacerle caso.
Trate de identificar aquellas
señales emitidas por su hijo que indiquen que necesita urgentemente su
atención. Usualmente hará esto antes de irritarse o llorar, lo que suscita otro
problema. Es de esperar que no ocurran estas ocasiones a menudo, y por
consiguiente esta medida puede llevar mucho tiempo. Cuando ocurren, hay que
observar las expresiones, las posturas y los movimientos que indiquen que el
niño se centra en sí mismo. Esta necesidad puede expresarse en un cambio
notable de tono de voz, generalmente más bajo, o en vacilaciones y repeticiones
anormales. Es importante que Ud. conozca las señales que utiliza su hijo para
expresar sus necesidades, deseos y sentimientos.
Puesto que la comunicación y
muchas relaciones emocionales dependen de escuchar bien, Ud. puede ayudar a su
hijo a hablar mejor si le escucha mejor. Al concentrarse en las cuatro etapas
que acabamos de explicar, se debe tener siempre presente que es muy importante
escuchar a su hijo con paciencia y alegría.
- Hablar con su
hijo es mejor que hablarle a su hijo: Existe
una estrecha relación entre el modo de hablar y el de escuchar. A veces parece
que un niño necesita oír muchos consejos, normas, advertencias, y son los
padres quienes se los suministran. Es natural que la sensibilidad de algunos
niños sufra ante tantos "consejos, recomendaciones y advertencias".
Esto se puede evitar mezclando los consejos, recomendaciones y advertencias con
intercambios de ideas y sentimientos. Lo importante es permitir al niño hablar
con naturalidad y franqueza. Una conversación no es un monólogo, es un
intercambio entre dos o más personas.
¿Qué hace Ud. cuando habla con su
hijo? Fíjese si, además de darle los consejos necesarios, Ud. intercambia con
él opiniones y sentimientos. Converse sobre algún tema que le interese a él,
pero que no tengan que ver con su comportamiento. Pregúntele, en tono amigable,
qué ha hecho durante el día y escuche sus respuestas con interés. Además de
escucharle bien, Ud. debe hacerle preguntas y contribuir a la conversación. No
lo critique o reproche durante estas conversaciones, este tipo de intercambio
permite al niño hablar sin nerviosismo, facilitando una dicción seguida y
libre.
- Hay que dar buenos
ejemplos de habla a los niños:
Es de suponer que los
padres siempre tratan de hablar bien a fin de dar buenos ejemplos de habla a
sus hijos. Esto quiere decir que hablan con claridad y escogen palabras
adecuadas para expresar sus ideas. Los padres deben adaptar su lenguaje (el
vocabulario y la longitud de las frases) a la edad y el desarrollo del hijo.
Aquí les ofrecemos algunas sugerencias relativas al flujo o la velocidad de la
dicción. ¿Tiene Ud. la costumbre de hablar seguida y rápidamente? Es posible
que su hijo trate de imitar la dicción rápida de los padres antes de contar con
el desarrollo verbal necesario para hacerlo. En este caso, es mejor que Ud.
hable más despacio, pero sin exagerar la lentitud. Si son largas y complejas
las frases de los padres, el hijo comprenderá con dificultad, lo que puede
afectar su capacidad de responder bien. Sin exagerar la sencillez, se deben
usar frases breves y sencillas. Algunos padres tienen la mala costumbre de
interrumpir el hablar de su hijo, sobre todo cuando saben de antemano lo que va
a decir. Esto le hace presión al niño, que necesita tiempo y paciencia. Los
padres deben acostumbrarse a hablar y obrar con paciencia.
- El acto de hablar,
debe ser algo agradable para su hijo: Los
padres que escuchan bien y atentamente a su hijo le ayudan a disfrutar de la
comunicación, pero también hay otras medidas que se pueden tomar. Desde el
primer año de la vida del niño los padres deben asociar el hablar con
actividades agradables. El acto de cantar abrazando o meciendo al hijo pequeño
les da placer y recuerdos agradables tanto a los padres como al niño. Vale la
pena hablar con el niño acerca de experiencias mutuas. Algunas madres inventan
juegos de palabras para sus hijos de tres o cuatro años, "¿Con qué sonido
empieza la palabra 'balón'?" El niño puede contestar con la letra
"b" o con la sílaba "ba." Será mejor evitar los sonidos que
le dan miedo. Otra forma de juego puede ser pronunciar las letras de una
palabra como "gato" y preguntarle qué palabra forman las letras. Se
puede hacer el juego fácil o difícil según la capacidad del niño. Es una buena idea
enseñarle chistes y acertijos, pero no hay que reñirle si no los repite
perfectamente. Es asombroso lo rápido que adquieren los niños un sentido del
humor.
Mediante las diversiones verbales
el niño aprende a disfrutar el hablar, lo que contrarresta los efectos penosos
de los reproches que son necesarios a veces. Es importante que la familia
entera preste atención a lo que dice el niño que tiene dificultades de hablar,
aunque sea necesario controlar las reacciones de los hermanos mayores. Lo
importante es evitar que, al tratar de hablar, el niño quede frustrado.
- Hay que leer o
contar cuentos al niño:
Merece atención especial
la beneficiosa costumbre de leer o contar historias y cuentos al niño pequeño.
Los padres deben leerle o contarle algo a su hijo con frecuencia. Después de
oír sus historias favoritas repetidas varias veces, el niño sabrá repetir
algunas partes, contándolas en sus propias palabras. ¡Que lo haga cuanto
quiera!
Los padres que no sapan inventar
historias pueden usar una foto y contar lo que ésta representa. Después de
acostumbrarse el niño al procedimiento, permítale que lo haga él. Le será más
fácil empezar con fotos bien conocidas. También, se le pueden contar historias
basados en la niñez de los padres o en los años anteriores de su propia vida.
¡Esto le encantará! No hay que contarle historias "de miedo" aunque
diga que le gustan. De vez en cuando vale la pena animarle a contar una
historia o experiencia propia, pero no se debe insistir en que lo haga contra
su voluntad.
- ¿Cómo ayudar al
niño a expresar verbalmente sus sentimientos?: ¿Le
dice Ud. a menudo a su hijo que le quiere y que está orgulloso de él? Si los
padres no le dan al hijo un buen ejemplo a seguir, le será difícil aprender
a expresar sentimientos íntimos.
¿Qué cosas le parecen divertidas a
Ud.? Si los padres tienen la costumbre de reírse de las aflicciones ajenas le
dan a entender a su hijo que esas cosas son divertidas. Cuando él experimente
parecidas aflicciones se dará cuenta que no son divertidas, sino penosas, lo
que le producirá un conflicto. Si Ud. se ríe de las penas ajenas pero le enseña
a su hijo a no hacerle daño al prójimo, él quedará perplejo. Tal perplejidad
afectará su pensamiento y forma de hablar. Será mejor que aprenda que hay
varias clases de humor, lo que es más fácil si Ud. le explica las causas de su
risa. Hay que reírse de las cosas divertidas en lugar de las cosas que hacen
daño.
La próxima vez que su hijo exprese
malhumor o rabia, Ud. debe prestarle atención, aunque sea exagerada su
reacción. Es mejor hablar con él acerca de la causa de su cólera, que puede
consistir en varios fenómenos: la frustración, las experiencias desagradables,
el sentimiento de que nadie le presta atención, un empeño terco en salirse con
la suya, una crisis emocional, un intento de imitar la rabia de sus padres, el
cansancio o la falta de sueño, o una mezcla de varias causas. Tomando esto en
cuenta, Ud. debe hablarle, sugiriendo mejores modos de expresar sus
sentimientos. Hay que enseñarle que es más fácil conseguir lo que quiere sin crearse
nuevos problemas con muestras de rabia. También las otras emociones se pueden
tratar de una manera parecida. Cuando el niño sepa expresarse bien, quedarán
reducidos los conflictos interiores que suscitan los defectos de fluidez.
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Extracto de la
publicación No. 15 de la Stuttering Foundation of America: "Si su hijo
Tartamudea. Una guía para los Padres". Si desea adquirir una copia de esta
publicación visite el Website de la Stuttering
Foundation of America.