Teoría del Conflicto del Rol
Información sobre el autor.
Joseph G. Sheehan, Ph.
D., es profesor de Psicología en la Universidad de California, Los Angeles, y miembro de la American
Psychological Association
y la American Speech and Hearing
Association, graduado en Psicología Clínica. Ha colaborado como autor en: Psychopatology, A
Source Book; Stuttering: A Symposium; Readings on the Exceptional Child: Research and Theory; Speech Therapy; Stuttering:
Significant Theories and Therapies; Learning Theory and Stuttering Therapy;
Stuttering and the Conditioning Therapies. También es coautor de
una serie de siete folletos que tratan sobre tartamudez, publicados por la Speech Foundation of America. Fue editor asociado del
Journal of Speech and Hearing Disorders,
desde 1958 hasta 1965, y del Journal of the American Speech and Hearing
Disorders (Asha), desde
1963 hasta 1968. Colabora
con publicaciones periódicas
profesionales, entre ellas el Journal of Abnormal Psychology, el Journal of
Speech and Hearing Research y el Journal of Speech and Hearing Disorders.
Información sobre el capítulo.
En el siguiente capítulo se presenta por primera vez una interpretación
sistemática de la teoría del rol asociada a la tartamudez, una teoría de la
tartamudez como un conflicto del rol de sí mismo. Este capítulo, que comienza
con la observación de que los tartamudos son sorprendentemente diferentes,
dependiendo de su rol, y de que algunos pueden participar en escenas cuando
interpretan roles distintos a sí mismos, también desarrolla de manera más
sistemática la interpretación del conflicto del rol asociado a la tartamudez
que se comenzó en las presentaciones de la teoría de la tartamudez como un
conflicto de aproximación-evitación. La interpretación de la teoría del
conflicto del rol de la tartamudez está lógicamente en
armonía con la teoría del conflicto de aproximación-evitación. La fusión del
modelo de la teoría del rol con el modelo de la teoría del aprendizaje prepara
el camino para una nueva integración de la psicoterapia con "la terapia
del habla".
La tartamudez es un desorden de
la presentación social del sí mismo. Básicamente la tartamudez no es un trastorno
del habla sino un conflicto que gira en torno al Yo y al rol que se desempeña,
en otras palabras, a un problema de identidad. En términos formales de la
teoría del rol, la tartamudez es vista más claramente como un caso especial de
conflicto del rol de sí mismo. La tartamudez, como desorden, es un rol
específico que requiere una terapia del rol específico, una psicoterapia ROLE-TAKING (de usurpación de roles).
Por lo general, el tartamudo no tiene problemas cuando está solo, una
característica sorprendente y significativa del desorden. Puede hablar
tranquilamente debido a que no tiene que comunicarse con otros seres humanos. Aun cuando está acompañado, es
tartamudo únicamente cuando habla (este es un viejo chiste que en realidad nos
revela algo importante), ya que es un comportamiento asociado a un rol
específico. Es específico para el rol de hablante y para la relación con el oyente.
Al igual que se necesitan dos personas para bailar tango, se requieren dos para
tartamudear: un oyente y un hablante.
Cuando
representan roles que se alejan del sí mismo como en la actuación, la imitación
de dialectos extranjeros, los apartes o cualquier otro falso comportamiento,
muchos tartamudos pueden ser dramáticamente fluidos. Incluso, algunos se han
convertidos en actores profesionales, capaces de hablar con facilidad al
presentar determinados personajes o interpretar cualquier otro rol. Sin
embargo, en el momento en que vuelven a ser ellos mismos, por ejemplo, cuando
dicen su nombre o emplean palabras que se refieren a ellos directamente como
"yo" o "mi", el tartamudo se bloquea de nuevo.
Como
todo conflicto del rol de sí mismo, la tartamudez varía de acuerdo a dos
factores principales: 1) la variable del sí mismo, es decir, cómo se percibe el
tartamudo, particularmente en su rol de hablante, cómo ve su propia posición en
una situación social en la que es necesario que hable; 2) la variable del rol,
esto es, cómo se percibe al "otro significativo", al oyente o a la
audiencia.
Lo que se ha expuesto brevemente hasta el momento es la tesis central de
este capítulo. A continuación desarrollaremos una teoría de la tartamudez como
un conflicto del rol de sí mismo e interpretaremos los enfoques terapéuticos
que se derivan de manera lógica de esta teoría. Los avances recientes en la
teoría del rol se relacionan aquí con otros avances igualmente significativos
en la teoría del aprendizaje y la psicología clínica con el fin de crear una
teoría y un tratamiento amplios de la tartamudez. El nivel de análisis es
amplio, complejo y de múltiples aspectos, lo que lo hace semejante, en estos
aspectos, al desorden en sí. La teoría del conflicto del rol de la tartamudez
que se presenta en este capítulo no pretende refutar otras teorías existentes
sobre tartamudez ni insinuar que otros enfoques o niveles de análisis no
podrían emplearse con provecho. De hecho, en las páginas de este libro se puede
encontrar una variedad de enfoques provenientes de otras disciplinas.
Tomando como tesis central que la tartamudez es un conflicto del rol
específico, el objetivo de este capítulo es explorar los límites exteriores de
la teoría del rol enfocada hacia la tartamudez. De manera recíproca, la
"virtud" del modelo del rol de ajustarse a un desorden tan complejo
como la tartamudez puede indicar que existen posibles lagunas o la necesidad de
revisar la propia teoría del rol. Sin embargo, el propósito fundamental aquí es
partir del modelo del rol, más que el de elaborar una hipótesis sobre este
modelo.
Conceptos
claves en la Teoría del Rol
Hace mucho tiempo, Platón escribió que a las personas sólo se les debía
permitir leer o representar ciertos roles debido a que dejan una profunda
huella en el alma. En su obra As You Like It
(Como gustéis), Shakespeare
escribió los célebres versos que resaltan el significado de la representación
del rol:
El mundo entero es un
escenario,
Y todos los hombres y mujeres, simples
actores:
Tienen sus salidas y
sus entradas;
Y un solo hombre, en
su momento, representa muchos personajes.
La teoría del rol tiene un origen sociológico que se remonta a Cooley (1902, 1909), Mead (1934) y Waller (1932,
1938), entre otros. En años recientes, la teoría del rol ha captado mayor atención,
en especial en el campo de la psicología y la psiquiatría. Aunque primitivo, el
enfoque popularizado de la teoría del rol se refleja en el libro de Eric Berne: Games People Play (Juegos que juega la gente, 1964); mucho
más académico es el enfoque que presenta Cameron en: The Psychology of the Behavior
Disorders
(La psicología de los trastornos
de la conducta, 1947), y que relaciona ciertos conceptos de rol con la psicopatología.
Entre los psicólogos, Sarbin (1943, 1954, 1964, 1968) fue quien hizo una
exposición más amplia y sistemática de la teoría del rol. Sus trabajos proporcionan
el modelo de rol que sirve de base a este capítulo. También se incluyen en este
capítulo algunos trabajos recientes de Goffman sobre
identidad, distancia del rol, presentación de sí mismo y estigma (1959, 1961,
1964). Es significativo el concepto de identidad de Erikson
(1956) y Wheelis (1958) al que se hace referencia.
Según Sarbin, todas las sociedades se dividen
en grupos y, a su vez, estos grupos están estructurados en posiciones, estatus
o cargos. La posición se define como un sistema de expectativas del rol.
"Los roles se definen en términos de las acciones que ejercen las personas
para ratificar la posición que ocupan".
Sarbin describió las
teorías del rol en los siguientes términos:
La
teoría del rol intenta conceptualizar la conducta
humana a un nivel relativamente complejo. En cierto sentido, es una teoría
interdisciplinaria pues sus variables se derivan de estudios de la cultura, la
sociedad y la personalidad. Las amplias
unidades conceptuales de la teoría son el rol,
como unidad de la cultura; la posición, como unidad de la sociedad y el
sí mismo, como unidad de la personalidad.
Al entender el comportamiento en un sentido teórico del rol, Sarbin propuso tres variables principales: 1) la precisión
o la validez de la percepción del rol, es decir, cuán bien la persona ubica su
posición con respecto a la otra; 2) la habilidad para representar un rol, en
otras palabras, la efectividad de una persona para desarrollar sistemas de
acciones o representar roles relacionados con posiciones; 3) la organización
del sí mismo, es decir, cómo una persona se ve a sí misma, su autoconcepto. Sarbin (1954)
escribió:
El concepto del sí mismo se coordina con el
rol. Sus orígenes y dimensiones se describen en términos cognitivos. Las
unidades últimas del sí mismo son cualidades deducidas, su conceptualización
está apoyada por el uso de términos calificativos, tales como los adjetivos.
Una dimensión importante en cualquier representación de roles es la
profundidad con la que uno mismo se involucra con el rol.
El término "ROLE-PLAYING", utilizado por Moreno (1946, 1961) y
por otras personas, ha adquirido tantos otros significados que connotan
superficialidad que, en este capítulo, se ha limitado al desempeño del rol con poco compromiso de sí mismo. El desempeño
y la representación del rol son los términos genéricos más amplios.
ROLE-TAKING implica adoptar una postura
referente a una actitud, representar el rol del otro.
Una descripción adicional de los conceptos de rol con un enfoque
sociológico se puede encontrar en varios escritos de la colección de Biddle y Thomas entre los que se destaca la publicación: Role Theory: Concepts
& Research (Teoría del rol: Concepto e Investigación, 1966). En el presente
libro, Lemert, en su capítulo sobre tartamudez
(Capítulo 4), emplea varios conceptos relacionados con la teoría del rol.
Aunque han sido destacados principalmente los términos perceptibles y
cognitivos, la teoría del rol es lo suficientemente amplia para ser compatible
con otros sistemas psicológicos como la teoría del aprendizaje o los principios
del conflicto o, incluso, ciertas partes de la teoría psicoanalítica.
Un
modelo del conflicto del rol para la tartamudez
La tartamudez se desarrolla de manera alternante. Se ha observado una
característica cíclica, ondulante (Quarrington, 1956;
Sheehan, 1969; Sitzman,
1968). Los tartamudos expresan de manera fluida la mayoría de las palabras que
pronuncian. Además, es común que en algunas situaciones tengan poca o ninguna
dificultad. Los tartamudos leves o moderados pueden manejar con facilidad la
mayoría de las situaciones que se les presentan y tener dificultad sólo en las
situaciones cruciales.
En términos de la teoría del rol, existe una segregación parcial de
roles incompatibles en la tartamudez. Por lo general, el tartamudo es un
hablante normal como mínimo a tiempo parcial. Para ser más exactos, la mayoría de
los tartamudos representa ese rol sólo por medio tiempo. Por un lado, la
experiencia de hablar normalmente puede crear una expectativa del rol, en torno
a la fluidez, y conducirlos a
tartamudear más. Por otro lado, cuando el individuo tartamudea y, como consecuencia,
representa totalmente su rol de tartamudo, disminuyen las expectativas de
hablar normalmente que le producen miedo. Así, la representación del rol de
tartamudo conduce a la fluidez y viceversa. Con la combinación de la teoría del
rol y el modelo del doble conflicto de aproximación-evitación, podemos ilustrar
y entender el carácter alternante de los roles del tartamudo:
La figura 1 muestra que existen tendencias de aproximación-evitación en
los dos tipos de roles: el de tartamudo y el de hablante normal. Cada uno se convierte
en una meta temida. El comportamiento típico en un doble conflicto de aproximación-evitación
se alterna como un péndulo. También observamos en la figura 1 que gran parte de
la dificultad reside en la zona intermedia, en la cual el rol del tartamudo es
incierto. En esta región, no sabe si tiene que actuar como tartamudo o como un
hablante normal ni cuál será su posible rol.
Partiendo del modelo, podemos deducir que aparentemente existen dos
caminos opuestos, excluyendo la tartamudez. Uno de ellos es ser un hablante normal
en todos los sentidos, eliminando del autoconcepto el
aspecto de tartamudo. Generalmente, esta vía es válida sólo para los niños cuyo
desarrollo de la tartamudez no ha avanzado mucho. Aparte de la tartamudez, la
otra vía, que debe ser la que comúnmente emplean los adolescentes y adultos, es
asumir por completo su rol de tartamudo mediante la autoaceptación
durante la representación de este rol. Sin embargo, incluso esta opción se debe
experimentar como una mezcla de roles, debido a que todos los tartamudos son
hablantes normales a medio tiempo y deben aprender a adaptarse también a ellos
mismos como hablantes fluidos (Sheehan, 1954ª).
La variación cíclica que comúnmente se
observa en la tartamudez (Quarrington, 1956; Sheehan, 1969) bien puede comprenderse en relación con el
modelo de conflicto del rol que aparece en la figura 1 como una alternancia de
roles que sigue un principio de
conflicto.

Figura 1. Competición del
rol en el doble conflicto de aproximación-evitación
El
rol del rol en la tartamudez
El comportamiento asociado a la tartamudez cambia con la modificación
del rol, que a su vez se convierte en un cambio de su otro yo, tal como se
observa en escritos anteriores:
...la incidencia de la tartamudez es en parte una función de la relación
entre el tartamudo y su oyente. Algunos tartamudos no experimentan temor cuando
desempeñan un rol dominante. Una persona con este tipo de dificultad puede dar
un discurso en público de manera fluida pero, antes y después de pronunciarlo,
puede tartamudear cuando está delante de un individuo. Un niño se puede
bloquear de manera severa delante de uno de sus padres pero puede hablar
fácilmente con el otro. Un hombre alistado en la marina nunca pudo decir
"sargento" hasta que alcanzó ese rango, pero seguía tartamudeando
cuando decía "teniente", "señor" y cualquier otro título de
rangos más altos. El hecho de que muchos tartamudos puedan representar roles en
escena parece demostrar el efecto del intercambio de roles.
La
tartamudez como un comportamiento ligado a un
rol específico
En muchos aspectos, la tartamudez es un comportamiento que se relaciona
con un rol específico (Sheehan, 1968). Es específico
tanto para el rol del hablante como para
el del oyente. He aquí algunos ejemplos para ilustrar la especificidad del rol
de la tartamudez.
El primero es la historia de un tartamudo que leyó en una revista acerca
de una escuela comercial que prometía tener una cura. Cuando regresó, después
de haber culminado sus estudios en esta escuela, sus amigos le pidieron que
dijera algo. Expresó de manera triunfante: "Pablito
clavó un clavito, un clavito clavó Pablito". Sus amigos
dijeron: "¡Es maravilloso! Nunca te habíamos oído hablar así".
Él respondió "¡S-s-s-sí, pe-pe-pe-pero es re-re-re-realmente un
t-t-t-trabajo d-d-d-difícil hacer lo m-m-m-mismo en una co-co-co-conversación!". Esta
historia que nos resulta familiar ilustra realmente algo significativo acerca
del problema. Tanto la tartamudez como la fluidez pueden representar por completo
un rol específico, ya que la experiencia al hablar de manera fluida en uno de
los roles no origina automáticamente la fluidez en el otro.
Otro ejemplo que vale la pena citar es el de un tartamudo que informó
que siempre había hablado de manera fluida con su casera a quien conocía lo bastante
bien en ese rol de casera. Ella no sabía que este inquilino era tartamudo y no
tenía idea de la magnitud de la dificultad que este hombre enfrentaba en
algunas situaciones. La revelación llegó
cuando ella ocupó un puesto temporal como secretaria general de un
registro de votación y él tuvo que decirle su nombre, dirección y datos
estadísticos de vida. Él expresó que ella estaba impresionada y tan avergonzada
que la situación se convirtió en la más difícil que él haya tenido que enfrentar.
Cuando ella abandonó su rol de secretaria general y él la vio nuevamente en el
de casera, pudo explicarle, de nuevo de manera bastante fluida, lo que había
pasado. No hubo una transferencia evidente de la dificultad que experimentó el
inquilino mientras la señora representaba su rol de secretaria general-oyente,
en el momento en que ella retomó su rol de casera-oyente.
Se tartamudea ante un rol y no por la persona que ocupa temporalmente el
rol. Además, los roles están relacionados con la posición, el estatus, no con
la persona que representa momentáneamente ese rol. La tartamudez varía con el
rol del hablante y con el del oyente. Quizás la tartamudez sea, en primer
lugar, un desorden del rol y, sólo en segundo lugar, un desorden de las
relaciones interpersonales. La dificultad con un determinado grupo de personas
se deriva de las posiciones que ocupan y de los roles que desempeñan, y no
necesariamente de sus características personales.
Para ilustrar el alto grado de especificidad
del rol de la tartamudez, citaremos a Kinsey:
"Durante la excitación
sexual, son menos evidentes las inhibiciones y los bloqueos psicológicos o simplemente
no se manifiestan. Un número considerable de historias indica que es probable
que los tartamudos no tengan dificultad para hablar cuando están en compañía de
una persona con quien mantienen una relación sexual" (Kinsey et al.,
1953).
Esta observación intrigante puede señalar el camino hacia un nuevo tipo
de terapia ROLE-TAKING realmente apasionante. Sin embargo, hasta donde sabemos,
este tipo de terapia nunca se ha aplicado, excepto sobre una base relativamente
no sistemática.
El habla es uno de los principales medios de autopresentación
social y la tartamudez, un desorden en la autopresentación
del rol específico. La excitación sexual y la capacidad de respuesta vinculan
la presentación del sí mismo a un grado muy íntimo y complejo. La autopresentación sexual puede ser un rol muy específico y,
como se sabe, no siempre se requiere ser hábil en el rol de hablante. En una
situación en la que el rol de hablante está subordinado y el sí mismo se presenta
de una manera más positiva, es probable que disminuya la tartamudez. Con
respecto al rol sexual, el tartamudo no siempre tiene que hablar por sí mismo,
como John Alden, para
ser aceptado.
Otros tres ejemplo resaltan la importancia de la autoconcepción y la
imagen corporal, al igual que la especificidad de los roles. Una joven con una
cara común pero con una figura atractiva se sentía liberada de su tartamudez
cuando se reunía con una colonia nudista. Su nueva libertad para hablar se
mantenía hasta que volvía al mundo de los que estaban vestidos. Expresó que se
sentía diferente con respecto a sí misma. En muchas mujeres la tartamudez aparece
como un estigma que les impide desempeñar a plenitud su rol femenino. Por
supuesto que pueden ocurrir cambios de muchas formas. La fórmula del éxito de
esta joven puede que no sea la apropiada para la mayoría de las mujeres tartamudas.
Un veterano con quien trabajamos, alto, atractivo, con un bigote
cuidado, se sentía orgulloso de su éxito con el sexo opuesto, con quien
conversaba de manera muy fluida. Podía escoger a cualquier muchacha en un bar o
en cualquier otro lugar sin titubear en lo más mínimo. Sin embargo, cuando desempeñaba
su rol de buscador de empleo e intentaba entrevistarse con su posible jefe o
algún hombre del personal, no era capaz de dar su nombre y tenía que recurrir a
papel y lápiz para responder a las preguntas que le formulaban. Era un tipo de
hablante con las mujeres y otro con la figura masculina de autoridad. Nunca
coincidieron estos dos tipos de hablantes. Este es un claro ejemplo de la especificidad
de los roles.
Un doctor tenía dos teléfonos en su escritorio. Tartamudeaba de manera
severa cuando hablaba por uno de ellos, pero se expresaba de manera fluida por
el otro. ¿Cómo es posible que suceda algo así?. La
explicación es sencilla, aunque comprende diferentes roles, amenaza a la
autoestima y resulta un problema de identidad. El teléfono con el que tenía dificultad
había estado en el escritorio cuando asumió el cargo que ocupaba un doctor que
lo había engañado durante el proceso. Siempre que atendía el viejo teléfono
sentía una mezcla de resentimiento por haber sido engañado y envidia de la
fluidez de su predecesor. Entonces instaló un segundo teléfono con la esperanza
de que le resultara más fácil hablar por él y así fue. Aunque sabía porque le
molestaba el viejo teléfono, seguía teniendo
problemas para utilizarlo. Finalmente, resolvió el problema
desconectando por completo el viejo teléfono y reemplazándolo por otro nuevo.
La especificidad del rol es la llave maestra para entender la
tartamudez. Cuando la tartamudez es considerada un comportamiento asociado a un
rol específico, un comportamiento condicionado al rol de hablante, entonces la
prevención y el tratamiento deberían centrarse en el rol de hablante. El concepto
de tartamudez como un desorden no unitario concuerda perfectamente con la
especificidad del rol en el tratamiento. Si la tartamudez es un rol específico,
entonces los tartamudos no deberían tener una estructura diferente de
personalidad o no deberían diferir en algunos principios psicológicos, como de
hecho no difieren (véase Sheehan, capítulo 3 y Perkins, capítulo 5).
El tratamiento puede estar dirigido a atender la especificidad de un
problema, una terapia especializada ROLE-TAKING para tartamudo más que una psicoterapia
general. Los cambios que pueden realizar los tartamudos son cambios de roles,
específicamente en términos del rol del hablante y la relación de oyente.
Tanto el aspecto emocional como el aspecto motor del cambio de roles
requerido en la tartamudez tienen que manejarse en terapia. El tartamudo tiene
que cambiar su manera de sentir y lo que hace, aunque no necesariamente en ese
orden. De cualquier forma, el orden usualmente se invierte: el tartamudo cambia
por lo que hace, por las experiencias sucesivas.
La
relación del sí mismo y el rol en la tartamudez
Hemos observados que los tartamudos pueden participar en representaciones
como resultado de un cambio de rol y de posición del sí mismo. Podemos citar
los siguientes casos:
Un tartamudo severo se convirtió en actor profesional, representó varios
roles en el escenario y en la televisión. Incluso realizó un espectáculo
infantil con títeres, haciendo las voces de cada muñeco. Como él mismo lo
explicó, los personajes no tenían nada que ver con su propia voz ni con su
propio sí mismo. Pudo tomar parte en estos roles que no se relacionaban consigo
mismo (Sarbin) y cumplir con las exigencias del rol
con bastante facilidad. Sin embargo, aun en medio de estas actividades, tartamudeaba
cuando hablaba como él mismo. El actor tuvo éxito en los roles que se alejaban
de su sí mismo hasta que cayó en lo que demostró ser una influencia subversiva
de la escuela de actuación de Stanislavsky. En lugar
de mostrar la vieja capacidad de actuación desde "afuera", comenzó a
actuar desde "adentro" llevando su propio sí mismo a escena (Stanislavsky, 1938). Su fluidez en escena desapareció en
cierta ocasión dramática cuando tuvo que representar el rol de un hombre
ansioso que tenía un defecto, el daltonismo. Cuando se disponía a decir:
"Doctor, tengo un defecto", pensó en su propio defecto, perdió su
fluidez y tartamudeó de manera severa cuando pronunciaba la palabra
"defecto", que, por supuesto, se refería de manera significativa a él
mismo y a su sentimiento acerca de su tartamudez.
La relación entre la tartamudez y el sí mismo se muestra de manera
dramática en el hecho de que la mayoría de los tartamudos tienen dificultad con
sus nombres, sus direcciones, sus ocupaciones, los nombres de sus familiares,
el significativo pronombre personal "yo" y otros términos de
referencia a sí mismo. Incluso algunos tartamudos utilizan seudónimos. Un
tartamudo pasó la mayor parte de su carrera militar en la cocina, como castigo
porque no podía responder cuando pasaban la lista. Siempre que lo llamaban para
que se presentara, hacía una selección entre una variedad de seudónimos. Podía ser "alguien más" y ser
fluido, mientras no se identificara consigo
mismo.
Los roles que no se identifican con el sí mismo y que son utilizados
como recursos se pueden resumir de la siguiente manera: 1) participar en una
obra; 2) convertirse en un animador profesional; 3) adoptar un dialecto
extranjero; 4) asumir una falsa confianza; 5) "sobreactuar" una
situación social; 6) ingerir bebidas alcohólicas para sentirse
"grande"; 7) tener apoyos o espectadores; 8) murmurar apartes
innecesarios; y 9) tener un comportamiento peculiar para distraer al oyente y
disfrazar la tartamudez.
Una
hipótesis del espacio del estatus
La naturaleza de especificidad del rol del conflicto en la tartamudez,
un desorden condicionado del hablante-oyente, puede ilustrarse más adelante
mediante una hipótesis del "espacio del tartamudo".
Cuando la persona está sola, esto es, cuando no interactúa socialmente
con los "otros significativos" (Mead, 1934), la tartamudez se reduce
notablemente, o bien, no se manifiesta en lo absoluto (Adler,
1929). Cuando las relaciones interpersonales cambian significativamente,
entonces el comportamiento llamado tartamudez cambia con ellas.
Como comportamiento, la tartamudez es predecible en un alto grado,
partiendo de los estatus respectivos de hablante y de oyente. Cuando el estatus
que se percibe del hablante es bajo con respecto al de la audiencia, la
tartamudez tiende a ser severa. Cuando el tartamudo habla con una persona de su
misma condición, como por ejemplo con otro tartamudo o con un amigo, la
tartamudez tiende a ser moderada. Cuando el tartamudo siente que tiene la autoestima
alta, por el efecto intoxicante del amor, el alcohol o un logro notable, y no
se siente impresionado por el oyente, habla con una fluidez relativa. Lo que Sarbin denomina "exigencia del rol" opera en
estos tres niveles.
La terapia con tartamudos, como cualquier otra psicoterapia, debería
tener como propósito aumentar la autoestima del individuo, el respeto a sí
mismo o su autoconcepto, y, al mismo tiempo, reducir
la impresión o el temor que le producen las características de la audiencia,
para emplear el término de Goffman (1959, 1961, 1964)
o las de los otros significativos, para utilizar la terminología de Mead
(1934).
El
iceberg de la vergüenza y la culpa
La vergüenza es el fracaso evidente de una expectativa del rol. El
equivalente oculto se denomina culpa. Cuando la persona intenta negar su
comportamiento de tartamudo y se presenta a sí misma como un hablante fluido
(una actitud que adopta algunas veces), entonces crea tensiones relacionadas
con el miedo al fracaso de la expectativa del rol.
La tartamudez puede compararse con un iceberg, que tiene la porción de
mayor tamaño por debajo de la superficie. Lo que las personas ven y oyen es la
porción más pequeñas; mucho más grande es lo que permanece debajo de la superficie,
que se experimenta como miedo, culpa y anticipación de la vergüenza. Para un
adulto o un adolescente lo suficientemente maduro para tolerarlo, la
presentación pública del sí mismo como tartamudo tiene efectos terapéuticos
mayores. La porción del iceberg expuesta a la luz del sol se derrite más
rápidamente. En la figura 2 presentamos un esquema de la relación entre los
aspectos ocultos y evidentes de la tartamudez.
La tartamudez es en gran medida un desorden del falso rol. Sin trucos, muletas o cualquier otro
comportamiento de falso rol, quedaría muy poco de la tartamudez.
La tartamudez aparece para incluir una cierta resistencia en la
revelación de sí mismo (cf. Jourard,
1964). Al intentar esconder su identidad como tartamudo, la persona recurre al
falso rol o a los comportamientos muletas que resultan exitosos de manera
intermitente y que, por lo tanto, serán reforzados periódicamente. Aun cuando
los tartamudos sean o no exitosos, las muletas y cualquier otro comportamiento
del falso rol los conduce a la culpa. La mala representación del sí mismo
frente a los otros siempre es producto de la culpa y el tartamudo no es la excepción.
Se pueden identificar por lo menos tres causas que generan sentimientos
de culpa: 1) culpa provocada, que deriva de los orígenes de cada caso en particular
de tartamudez, es decir, del camino para convertirse en un tartamudo; 2) culpa
del falso rol, que resulta de las
muletas y los mecanismos de evitación empleados para engañar a los oyentes; y
3) culpa por la reacción de la audiencia o, en otras palabras, un efecto
secundario que se origina porque el tartamudo sabe que su discurso oral le
genera angustia a sus oyentes.
La figura 2 ilustra de manera esquemática el carácter esencialmente
oculto de la tartamudez y el efecto sobre la discapacidad total de evitación al
ocultarla del sí mismo. El tartamudo puede reducir su parte de culpa ocupándose
de su sentimiento de vergüenza,
mostrando abiertamente su propio sí mismo en el rol de tartamudo. Entre las
técnicas terapéuticas para adultos que buscan alcanzar esta meta se encuentran: discutir sobre la tartamudez, tener un contacto
visual, presentarse como tartamudo, proporcionar referencias sin problemas para
la terapia recibida, tartamudear abiertamente y
crear un margen de seguridad o
demostrarse públicamente con más dificultad
para hablar de lo necesario.
La incidencia de la tartamudez transforma la culpa en vergüenza. El
tartamudo que ha tratado de ocultar su dificultad ahora se ve obligado, por los
esfuerzos que realiza para hablar, a
abrirse en un grado específico. Sin embargo, la vergüenza es más
esperanzadora que la culpa; es una
relación interpersonal que se manifiesta más abiertamente. Un tartamudo puede superar
la vergüenza experimentando la
tartamudez. Asimismo, todos sus miedos y dificultades pueden disminuir dejando
salir más su comportamiento de tartamudo hacia la superficie.
Para resumir se puede decir que el
tartamudo necesita ocultar las experiencias que le generen culpa con las que le producen
vergüenza, debido a que las reacciones de este último sentimiento pueden ser
reacondicionadas o pueden desaparecer, pero la culpa que se experimenta en
secreto permanece siempre (Mowrer, 1968). La vergüenza
que aparece en la parte superior debe ser igual a la culpa de la parte
inferior. De esta manera, ambos sentimientos
podrían desaparecer.

Figura 2. El iceberg de la
tartamudez
Ocultar
la tartamudez desde el sí mismo
Un interesante y significativo efecto secundario de ocultar el problema
de la tartamudez en su propio sí mismo es la disminución del campo cognitivo y
perceptivo, un comportamiento característico de todos los organismos cuando
están en el nivel más alto del gradiente de evitación. Con una motivación elevada,
se pueden manejar las discriminaciones agudas que se requieren en el acto de
hablar. Lo que puede causar con frecuencia que el tartamudo tenga dificultades
con el sonido equivocado o que siga tartamudeando con sonidos o palabras que
había logrado expresar con éxito (Sheehan, 1946).
Cada vez que el tartamudo se bloquea, revive una de sus experiencias más
significativas, es decir, la de verse a sí mismo bloqueado e incapaz de expresarse
por medio del habla. Se convierte en la víctima de muchas reacciones propias de la persona que experimenta un estrés
emocional severo. Durante el bloqueo, es
posible que tenga cierto tipo de visión de túnel. Un profesional con un don de expresión verbal describe este
egocentrismo inducido por el estrés.

Figura 3. Proyección de la
gráfica de la tartamudez (Durante)
"Cuando estoy en esa situación, pierdo todo contacto con el mundo
que me rodea. Estoy atrapado por completo por una sola cosa: por mis forcejeos
con la tartamudez. Además de estos esfuerzos, existe un sentimiento real
de ansiedad y un sentimiento de
verdadera tensión. Luego, disminuye la tensión, hay un sentimiento de
desconcierto y vergüenza, que casi llega a ser un sentimiento de alivio de que
la situación haya concluido. Si vuelvo a tartamudear, empieza a crecer la
ansiedad y la tensión de la que trato de escapar y evitar. Cuando esto sucede,
entro en una trampa que no puedo evitar y que debo atravesar. Probablemente
este es un comportamiento absolutamente característico de mi modelo de
tartamudez. La tartamudez en sí misma es interesante en la medida en que no
estoy consciente de lo que ocurre a mi alrededor, de las personas que me rodean o de
sus expresiones o reacciones; sólo me concentro en mi propia lucha... Es el
mismo tipo de olvido en el que caigo cuando me bloqueo en los momentos de ira o
de gran temor".
Las figuras 3 y 4 ilustran de una manera más significativa la
desconexión de la tartamudez del sí mismo y fueron tomadas de dibujos que
representan el comportamiento antes, durante y después del momento que
sobreviene la tartamudez (Sheean, Cortese
y Hadley, 1962).

Figura 4. Proyección de la
gráfica de la tartamudez (Después)
Otro dibujo del mismo estudio refleja la percepción del sí mismo como
una participación en el rol de payaso cuando tartamudea.

Figura 5. Autopercepción de un tartamudo
Tartamudez
y disonancia cognitiva
¿Por qué el tartamudo debería alterar sus percepciones en el momento en
que se le presenta la tartamudez? ¿Por qué debería ocultar la tartamudez de sí
mismo? La teoría de la disonancia cognitiva (Festinger,
1957) nos puede brindar una nueva interpretación de la ceguera que el tartamudo
se impone.
Según la teoría de la disonancia, la persona intenta mantener un
equilibrio en sus percepciones, incluyendo las percepciones de sí mismo, como
en el caso que ya citamos. Las percepciones discordantes se reducen por la
variación cognitiva. Los intentos por rechazar el rol de tartamudo discrepan de
la incidencia real de los comportamientos tartamudos, en otras palabras, los
bloqueos y los momentos de tartamudez. Por esta razón, existe la tendencia a no
experimentar la tartamudez como se pueden experimentar otros comportamientos,
con claridad de percepción. Como resultado, se pierde el tipo de feedback perceptivo que necesita para
regular de manera efectiva su comportamiento como hablante. Desarrolla una
incapacidad para observar su comportamiento tartamudo. Se oculta de su rol de
tartamudo, en una conducta realmente parecida a la del avestruz (véase figura
5). En terapia es importante poner énfasis en la necesidad de
"experimentar" al máximo posible el momento de tartamudez como parte
de la aceptación en el rol de tartamudo; ver, oír y sentir la tartamudez con
intensidad. Este proceso lo denominamos "monitorización".
Un
desorden de la autopresentación
Si la tartamudez es un conflicto del rol de sí mismo, un desorden de la
presentación social del sí mismo, cabe preguntarse en qué medida es un
trastorno del habla. Sin duda alguna, el habla está relacionada, de hecho, lo
está tanto que, salvo cuando se desempeña como él mismo en el rol de hablante,
el tartamudo no se diferencia de ninguna otra persona. Cuando se comparan las
personalidades u otros aspectos de un tartamudo y un hablante normal, no se
encuentra ninguna diferencia de peso, excepto en cuanto al nivel de aspiración.
Sin embargo, el nivel de aspiración es una función que está más relacionada con
el sí mismo. De hecho, puede considerarse como una de las medidas de la
autoestima y la autopercepción (Sheehan
y Zelen 1995; Zelen, Sheehan y Bugental, 1954; Sheehan, capítulo 3 de este libro).
Ante el dilema de sí la tartamudez es o no un trastorno del habla, se
debe agregar lo siguiente: la mayoría de los tartamudos hablan de manera fluida
la mayor parte del tiempo. A diferencia de lo que ocurre con otros trastornos
del habla, en ocasiones el tartamudo se expresa con absoluta normalidad y, de
hecho, no tiene problemas con la mayoría de las palabras que pronuncia. Lo
anterior contrasta con el habla de una persona con paladar hendido o con el
habla asociada a la pérdida de la audición o a los trastornos severos de
articulación. Ciertamente las personas con trastornos psicogénicos de la voz, algunas
veces sí producen un discurso normal, en particular, con algunas variaciones
significativas en su situación de vida. Así, quizás algunos trastornos de la
voz no sean realmente trastornos del habla, aun cuando el cambio para hablar
normal y completamente es menos frecuente que en la tartamudez. La tartamudez
es dramáticamente más intermitente que cualquier otro trastorno del habla. Al
tartamudo no se le debe enseñar cómo hablar o algo acerca del habla en sí.
La
especificidad del Rol en la Terapia de la Tartamudez
Así como la tartamudez es un problema que ocurre en un ambiente social, en la misma forma tiene
que tratarse en un contexto social. Es impresionante que casi todas las teorías
actuales que están dirigidas hacia la tartamudez, aún entre las autoridades que
insisten en la existencia de un factor de constitución física o una predisposición
a tartamudear, por ejemplo, West (1958) o Eisenson (1958), hayan sido terapias orientadas hacia lo
social. Cualquiera que sea la creencia de una autoridad concerniente a la causa
de la tartamudez, la terapia tiende a tener carácter interpersonal, social.
La terapia del habla para tartamudos es tan única entre las terapias del
habla que, en muchos aspectos, no resulta en lo absoluto una terapia del habla.
Entre las técnicas de trabajo más comúnmente utilizadas con adultos y adolescentes
tartamudos y ampliamente aceptadas se encuentran: 1) mantener contacto visual
con el oyente; 2) aceptar abiertamente el rol de tartamudo; 3) darse a conocer
como tartamudo; 4) discutir acerca de la tartamudez; 5) enfrentar las
situaciones que le producen temor; 6) cambiar de actitud para reducir el miedo,
el odio, el desconcierto y la culpa; 7)
resistir la presión del tiempo; 8) tartamudear a propósito; 9) desarrollar un
nuevo estilo o modelo de tartamudeo; y 10) aprender a tartamudear con facilidad
y hasta con fluidez. Sólo en un sentido muy limitado, estas técnicas sí
incluyen el habla. Básicamente, se trata de métodos de interacción social.
Junto con todas las técnicas, debe haber una gran cantidad de refuerzos
sociales de parte del terapeuta y de otras personas y elementos significativos
si la terapia avanza. La noción del terapeuta de Krasner,
como una máquina de refuerzo social, parece aplicable aquí (Krasner,
1965).
Una
Psicoterapia del ROLE-TAKING
Gran parte de lo que denominamos terapia del lenguaje para tartamudos es
en realidad una psicoterapia ROLE-TAKING. Los modelos de las terapias del rol,
del aprendizaje y de modificación de conducta son modelos lógicos. Vale la pena
mencionar que Eysenck (1960), conocido por su escepticismo
en lo que se refiere a efectos de la psicoterapia, ha sugerido que en este
último tipo de terapia se podría aprender mucho de los trabajos que se realizan
con los tartamudos. El periódico que editaban Eysenck
y Rachman (1965), Behavior Research and Therapy le ha prestado una atención significativa al
problema de la tartamudez. Además, lo que London
(1964) denominó erróneamente "terapia de acción" guarda una semejanza
impresionante con la "terapia del habla" para tartamudos. El término
más apropiado y que define mejor la especificidad del rol del tratamiento en la
tartamudez es "terapia de la tartamudez", a pesar de la torpeza de su
construcción, es decir, que se puede leer de manera incorrecta como "la
terapia que tartamudea". Aunque, ¿por qué no? ¡Algunas veces sucede!
En su trabajo con pacientes tartamudos desde hace mucho tiempo el autor
ha propuesto el siguiente reto:
Los cambios se logran por lo que uno hace, no por lo que se piense, lea
o hable al respecto, sino por lo que uno realmente hace.
Aunque la cita anterior se ideó de manera empírica, como resultado de la
experiencia en el área clínica, llama la atención la similitud de este concepto
con los escritos de existencialistas:
Los sentimientos se forman con los
hechos...
El Hombre... sólo existe hasta que se da cuenta
de sí mismo, de esta manera, no es nada más que la suma de sus acciones (Sartre, 1956).
También es impresionante que la terapia ROLE-TAKING para tartamudos haya anticipado en alto grado dos
de las influencias predominantes en la psicoterapia actual, en otras palabras,
la filosofía existencialista y la terapia de modificación de conducta.
La "Terapia de la Tartamudez" como una
psicoterapia especializada
El campo de la psicoterapia ha avanzado cada vez más hacia el énfasis en
la experiencia, hacia el aquí y el ahora, y está orientada hacia la acción.
Esta tendencia es obvia, en formas claramente diferentes, tanto en el énfasis
creciente que se pone en las consideraciones existenciales y los valores, como
en la proliferación de técnicas de modificación de conducta.
¿Cómo cambiamos? El modelo de comprensión que se dio a conocer en el trabajo
de Freud y Breuer acerca de
un tipo de histeria que florecía en la Viena de finales del siglo pasado es
mucho más difícil de aplicar a los problemas y procedimientos terapéuticos
actuales. Desde nuestra perspectiva, la psicoterapia se puede considerar como
un proceso ROLE-TAKING, exactamente como
un comportamiento desordenado puede considerarse en términos de deficiencias
de ROLE-TAKING.
Nuestra tesis consiste en que el cambio de rol antecede la comprensión y
origina cambios en la percepción del sí mismo como un efecto secundario. Lo que
se ha denominado "terapia de la tartamudez" puede ejemplificar este
punto.
Cuando la terapia de la tartamudez es vista como una psicoterapia
especializada, disminuyen algunas de las
preocupaciones persistentes del terapeuta del habla acerca del tratamiento
sintomático que se ofrece. En particular, nuestra teoría de la tartamudez como
un conflicto de aproximación-evitación permite integrar la psicoterapia en la
terapia del habla, ya que la reducción de la
evitación es una característica esencial de cada uno.
A esta consideración le agregamos ahora que la tartamudez es un desorden
del falso rol que se tratará por el reconocimiento
y eliminación de falsos roles y por el proceso de experimentación mediante una
terapia ROLE-TAKING, con un consecuente feedback
sobre el sí mismo (Sheehan, 1968; Sarbin,
1964). Al respecto, lo que denominamos terapia de la tartamudez yace en el
mismo centro de la experiencia psicoterapéutica.
¿A qué nos referimos cuando decimos "terapia de la
tartamudez"? Las técnicas y las operaciones como las que se aplicaron en
la terapia de adultos se han explicado de una manera bastante razonable, con
numerosos ejemplos y algunos razonamientos, en el folleto "On Stuttering and
Its Treatment"
("Sobre la tartamudez y su
tratamiento") publicado por la Speech Foundation of America en 1960. Se presentan algunos problemas
especiales con niños y adolescentes, con ejemplos añadidos de las técnicas de
terapia de la tartamudez, en el folleto de la Speech Foundation of America publicado en
1964: "Treatment of
the Young Stutterer in the Schools" ("Tratamiento de jóvenes tartamudos en
la escuela "). Estas publicaciones ponen énfasis en los aspectos prácticos
de la terapia y representan un acuerdo clínico entre un grupo diverso de
especialistas en el problema de la tartamudez. También ilustran de manera
adecuada el principio según el cual la divergencia en las teorías tiende a
superarlo en terapia, a pesar de las numerosas diferencias significativas.
En resumen, la psicoterapia y la terapia del habla se pueden combinar en
distintos grados durante el tratamiento de la tartamudez. En un sentido amplio,
existe algo de psicoterapéutico en toda interacción clínica. Cada terapeuta del
lenguaje es un psicoterapeuta de una clase especial. Esta palabra no pertenece
a los analistas opositores o a los individuos que practican la terapia en
privado en el claustro del diván. Lo que hemos denominado terapia del habla con
tartamudos es realmente una terapia de comportamiento, una terapia de relaciones
sociales, una psicoterapia a través de la acción, en pocas palabras, una
terapia del rol.
Dirección
de las terapias a partir de la Terapia del Rol
Cuando la tartamudez es vista como un conflicto del rol de sí mismo, los
dos aspectos de la terapia se convierten al mismo tiempo en centro de atención.
Los cambios que requiere el sí mismo incluyen un trabajo de actitud, un cambio
en la manera de sentir del tartamudo. Los cambios de roles requeridos comprenden:
facilidad para tomar parte en una situación atemorizante, modificación del
modelo de tartamudez, eliminación de trucos y muletas del falso rol, y adquisición de un nuevo rol como
un tartamudo fluido y que se acepta a sí mismo. Es por ello que el éxito en la
terapia depende de la percepción mejorada del autodesarrollo
de la habilidad para representar el rol y de un crecimiento positivo del autoconcepto que resulta del feedback de la representación del rol sobre el sí mismo.
En el caso de la terapia de adultos, el resultado es una persona que se
acepta a sí misma y que se ajusta con libertad al rol de tartamudo o al rol
alternante de hablante normal, alguien que lucha lo menos posible contra sí
mismo cuando tartamudea y que se siente libre y cómodo en el rol de hablante
tanto cuando tartamudea como cuando no lo hace. La combinación de la aceptación
del sí mismo con una aceptación de roles lo guía hacia la libertad y facilidad
de desempeñar el rol de hablante, con una fluidez que prevalece como producto
final.
Feedback
de la representación prolongada del Rol sobre el Sí Mismo
¿Cómo puede cambiar a una persona los roles que representa? Después de
todo, todos representamos roles todo el tiempo. Algunas personas fingen o son
indulgentes en la representación de un ROLE-PLAYING, en el sentido más limitado
del término. Estos comportamientos están separados típicamente de cualquier
concepto central del sí mismo y tienen poco o ningún efecto permanente. Sin embargo,
la representación prolongada del rol
comprometido consigo mismo sí tiene como consecuencia cambios en el autoconcepto (Sarbin, 1964).
El ROLE-TAKING y la representación del rol no deben ser confundidos con
ROLE-PLAYING, un término más superficial que connota una falta de compromiso
con el sí mismo. La efectividad de la terapia ROLE-TAKING con tartamudos,
llamada de manera inapropiada "asignaciones del habla", depende
considerablemente del grado de compromiso consigo mismo en el desempeño del rol
asignado.
Si en un período de tiempo una persona representa de manera
coherente nuevos roles con un gran compromiso de sí mismo, como
consecuencia, la persona cambia, al igual que el concepto que tiene de sí mismo. Evidencias
para el efecto de la representación prolongada del rol sobre el sí mismo son
presentadas de manera convincente por Sarbin (1954).
Una vez más, lo anterior demuestra la coherencia del lema de que
cambiamos por lo que hacemos, cambiamos por la experiencia. Pero, ¿qué es la
experiencia? ¿Acaso no es otra cosa que asumir los cambios constantes y nuevos
roles en interacción con el otro
significativo con consecuente feedback
para el sí mismo? Es sorprendente ver que los psicoterapeutas modernos como Rogers (1961) y Gendlin (1968)
van poniendo cada vez más énfasis en "convertirse", "experimentar"
y en darse cuenta de las potencialidades del Yo.
El hecho de que el sí mismo, el rol y los factores de identidad tengan
una influencia tan dramática sobre el comportamiento conocido como tartamudez
no debería resultar demasiado asombroso cuando se consideran los roles
recíprocos del hablante y el oyente. En su formulación sobre la identidad del
ego, Erikson (1956) escribe:
Tomemos por ejemplo un niño que
está aprendiendo a hablar, está adquiriendo una de las funciones principales
que apoya un sentido de autonomía individual y una de las técnicas
fundamentales para expandir el radio de dar y recibir... El habla no sólo lo
compromete con el tipo de voz que tiene y la forma de hablar que desarrolla;
también lo define como una persona a la que le responden con cambios de dicción
y atención... Así, el niño puede llegar a desarrollar, al usar la voz y las
palabras, una combinación particular de gimoteo o canto, opinión o
argumentación, como parte de un nuevo elemento de la identidad futura,
principalmente el elemento de "el que habla y al que le hablan en tal y
tal forma".
En el tartamudo tenemos una persona que sabe cómo hablar, que ha pronunciado
normalmente la mayoría de las palabras que ha dicho en su vida y que tiene
disponible en cualquier momento la capacidad para hablar de una manera tan fluida
como cualquier otra persona. Cuando está solo o cuando no se presenta como él
mismo debido a la presentación de otro
rol o a la ebriedad, ejerce
fácilmente su capacidad para hablar normalmente. Sin embargo, bajo el impacto
de una disminución de la autoestima, un aumento de la carga emocional de la
expresión o un aumento de la autoridad y del temor que le produce el oyente (Sheehan, Hadly y Gould,1967), se convierte en una
persona diferente. El proceso central no se trata de múltiples personalidades
sino de la especificidad del conflicto de rol.
La
aceptación del rol ante "el Acto de Fingir"
Debido a que la tartamudez es principalmente un desorden del falso rol,
es notable que una de las técnicas que se ha recomendado más ampliamente se ha llamado "fingimiento", es decir, fingir que se
tartamudea. ¿Acaso no hay ya mucho de disimulo en el tartamudo? ¿Por qué hay
que aumentar su actitud de fingimiento con lecciones para fingir aun más? El problema
con la simulación de los tartamudos es que resulta demasiado artificial.
El concepto de ROLE-TAKING con niveles variantes de compromiso de sí
mismo es útil aquí. Semánticamente, el
triste término "fingimiento" debería ser reemplazado por "tartamudez
voluntaria" que no tiene que ser falsa de ninguna manera. Es ilusorio y
esencialmente inútil "hacer algo por puro formulismo" o "representar
el comportamiento de la tartamudez sin comprometerse consigo mismo; como muchos
de nuestros pacientes tartamudos y nuestro propio sentido común nos indican. El
punto crucial es lo genuino de la representación del rol. Casi el mismo
comportamiento aparente puede estar acompañado por un alto o un bajo compromiso
consigo mismo. Muchos tartamudos muestran resistencia cuando se niegan a
desempeñar roles asignados; otros, cuando hacen algo por puro formulismo, de la
manera más superficial, falsa y desdeñosa posible. Cuando se le pide al
tartamudo que finja la tartamudez, puede hacer justamente lo que se le pide y
los resultados son tan efímeros como el comportamiento.
¿Qué se debe hacer para que un tartamudo
tartamudee aceptando ejercer el rol? La clave es la experimentación. El
tartamudo necesita sentir su tartamudez,
revisar ávidamente, experimentar intensamente. En este sentido, puede eliminar
la represión con la que ha ocultado su tartamudez de sí mismo. Si controla con
exactitud y experimenta por completo cualquier cosa que hace cuando tartamudea,
considerando que realiza la actividad, que es su comportamiento y no sólo algo
que le pasa, entonces comenzará a abandonar automáticamente los falsos hábitos.
La
aceptación del rol frente al "Control"
El
tartamudo debería adquirir fluidez de manera indirecta, disminuyendo los
momentos de evitación, siendo abierto, aceptando el rol de tartamudo. Probablemente
sea errada cualquier cosa que tenga que hacer el tartamudo de una manera especial
o directa para "lograr tener fluidez".
Es una característica evidente de la tartamudez que el tartamudo está
siempre tratando de "controlar" su habla. Ésta es una de las formas
principales en las que se distingue del hablante normal. Los esfuerzos que
realizan los tartamudos para controlarse son típicamente represivos, adoptan la
forma de una actitud de ocultación, ponen gran parte del iceberg por debajo de
la superficie y emplean trucos, muletas y actitudes de falsos roles.
Probablemente, el problema del control
se remonta a los orígenes de la tartamudez. Inicialmente, cuando el tartamudo
no está consciente de sus titubeos, es corregido por sus padres y por otras
personas. El conocimiento de esta actitud no produce efectos perjudiciales, excepto
que con frecuencia lo induce a realizar esfuerzos para controlarse, una gran
falacia en la que subyace el desarrollo y el desenvolvimiento del desorden.
Déjenos considerar un aspecto paralelo como caminar que es, al igual que
hablar, otra habilidad adquirida y opera
típicamente bajo lo que los neurólogos denominan función automática
asociada. Si tratamos de controlar el caminar de la misma manera que el
tartamudo intenta controlar su habla, resultaría un modo de andar muy torpe.
Hace aproximadamente cien años, en
Inglaterra, James Hunt planteó una teoría de
la tartamudez como una interferencia consciente con un proceso inconsciente.
Enseñó al tartamudo a hablar de manera consciente, sin artificios o trucos,
como hablaría usualmente cuando lo hace de manera inconsciente (Hunt, 1863). Es interesante que los tartamudos puedan hacer
apartes y pronunciar otras frases correctas con bastante fluidez. Las
observaciones improvisadas típicamente no implican ningún esfuerzo especial
para hablar ni para "controlar la tartamudez". Una tartamuda, que
trataba de leer un pasaje que comenzaba con el pronombre personal
"yo", no pudo empezar. Después de tartamudear varias veces y de semi-intentos abortados, la paciente con una expresión de
sorpresa y haciendo una mueca expresó: "no puedo decirlo",
pronunciando durante el proceso la misma palabra que no había podido utilizar
en un contexto diferente. Se sorprendió cuando expresó que había dicho durante
el aparte la misma palabra: "yo", que había tratado de controlar.
Para ella, el "yo" con el que comenzó el aparte de manera fluida no
presentó ninguna dificultad. No hizo ningún esfuerzo especial para decirlo. La
postura del tartamudo frente al acto de habla hace mucho por perpetuar su
tartamudez. Una vez que la muchacha abandonó la postura especial y dejó de
hacer esfuerzos para controlarse, para abstenerse de tartamudear cuando dice
"yo", pudo decirlo con bastante fluidez.
Con el fin de abandonar los esfuerzos por
controlarse, el tartamudo puede sobresatisfacer su
temor. Puede crear un margen de seguridad, disfrutando períodos de fluidez como
un efecto secundario. Sin embargo, la fluidez no lo lleva a ser fluido; no lo
conduce a ninguna parte. El tartamudo puede disfrutar de la fluidez, puede
sumirse en ella, pero no le resultará productiva en el futuro.
El esfuerzo para ejercer un control consciente es la raíz de la
tartamudez. Si un niño tartamudea desde muy temprana edad, usualmente existe un
esfuerzo consciente para controlarlo. ¿Cómo salir de este problema? Utilizando
el mismo ejemplo de la habilidad para caminar, para establecer una comparación,
supongamos que las personas comienzan a reírse y a mirar fijamente la manera en
que caminamos, comenzaríamos a hacer un esfuerzo consciente para controlar
nuestro modo de andar, para colocar un pie adelante del otro, etc. ¿Podríamos
resistir la presión de las personas que nos escuchan, continuar caminando de
una manera natural, ocuparse de otros asuntos? Esta actitud es la que necesita
asumir el tartamudo cuando habla. ¿Un tartamudo puede desistir de sus esfuerzos
de manera consciente al manejar los
mecanismos del habla? Con frecuencia, un tartamudo tiene que obligarse y hacer
un esfuerzo consciente para continuar, porque está sobremotivado
a evitar cualquier falta de fluidez aparente.
Margen
de Seguridad y Fluidez Natural
Una manera en que una persona pueda sentirse cómoda con su tartamudez y
definirse a sí misma de manera operacional e intensa como un tartamudo es
emplear una técnica voluntaria de tartamudeo como un brinco o un resbalón. Sin
embargo, existen algunos problemas que se relacionan con estas técnicas en el uso
clínico ordinario. En un estudio comparativo del uso del brinco y el resbalón
con la imitación del verdadero patrón, Sheehan y Voas (1957) encontraron que esta última técnica refuerza la
tartamudez y aumenta la frecuencia de los bloqueos. Sin embargo, el uso del
resbalón con las palabras que no producen temor justo ante las palabras que sí
lo producen parece dar origen a una adaptación más rápida y a una mejora. Este
resultado ofrece un apoyo experimental al concepto del "margen de
seguridad". Lo más importante es que el resbalón debería utilizarse con
las palabras que no producen miedo más que con las que lo producen. Cuando se
utiliza principalmente con palabras que producen miedo, el resbalón puede ser
mal empleado como un tipo de técnica de control. Entonces el resbalón se
convierte en una muleta, en una manera de abstenerse a hacer contacto con el
momento de tartamudez, en una manera de evitar la autoconfrontación
esencial que el tartamudo necesita. Mucho mejor para el tartamudo es abrirse,
controlarse y dejar que el proceso de control transcurra de manera natural
hacia las correcciones que siguen automáticamente desde el control. El
tartamudo no debería verse obligado a cambiar demasiado su modelo. Simplemente
necesita estar cada vez más consciente de lo que sucede para no ocultar a sí
mismo su tartamudez. La ocultación más importante en la tartamudez no es la que
consiste en escondérsela a los demás sino a su propio sí mismo.
Una de las dificultades del concepto de control es que sin el esfuerzo
para controlar su habla, el tartamudo probablemente sería capaz de hablar con
bastante naturalidad. La persona que tartamudea lo hace porque trata con mucho
esfuerzo de no hacerlo. El resultado final de la terapia no debería ser una
forma de controlar el habla sino una forma natural de hablar. El objetivo
último no es vigilarse a sí mismo todo el tiempo; por el contrario, se trata de
ir más allá de ese punto. Es importante enseñarle al tartamudo que la terapia
del habla no tiene que ser algo interminable. No desea pasar el resto de su
vida controlando algo que en realidad no está allí (Williams,
1957).
Un
desorden del comienzo y la pausa
La tartamudez no es sólo una dificultad para comenzar; para muchos
tartamudos es una dificultad para terminar. Cuanto más severa sea la
tartamudez, más problemas tendrá para comenzar y para detenerse. Un aspecto que
exaspera a muchos cuando escuchan a un tartamudo severo es que parece que esta
persona nunca sabe cuando va a detenerse, se van debilitando las esperanzas de
los que lo escuchan de que cada nueva palabra será la
última. ¿Por qué debería ser así? ¿Por qué alguien que lucha tan duramente para
decir cada palabra debería continuar hablando sin parar, porque limita sus
esfuerzos de una manera tan inadecuada? Presentamos tres hipótesis para
explicar este fenómeno observado de manera clínica:
En primer lugar, debido a que las mayores dificultades se experimentan
al comienzo, el tartamudo se condiciona a temerle al silencio. Evitar el
silencio o realizar un tipo de maniobra es un comportamiento significativo de
la tartamudez. El tartamudo pasa gran parte de su tiempo tartamudeando palabras
muletas o frases que no necesita en lo absoluto. Se evita el silencio al igual
que el habla, este es el otro lado del conflicto de aproximación-evitación (Sheehan, 1958ª).
En segundo lugar, el tartamudo continúa persistiendo, debido a que sus
experiencias anteriores en la adaptación a una situación lo llevan a ser
optimista, a esperar a que pueda hacerlo mejor si simplemente continúa. Partiendo
de los estudios del efecto de la adaptación, es fácil hacer esta inferencia. La
evidencia directa para esta interpretación está incluida en un estudio del
nivel de aspiración de fluidez (Sheehan, 1963). Se
descubrió que los tartamudos severos mostraron las mayores discrepancias entre
sus comportamientos y sus previsiones posteriores del grado de fluidez,
mientras los tartamudos leves establecieron objetivos más realistas y previeron
comportamientos más modestos. El tartamudo severo es constante en sus intentos
por lograr sus objetivos remotos. Sus esfuerzos muestran el triunfo de la fe
sobre la experiencia.
En tercer lugar, en los casos severos, una desorganización sintáctica se
convierte en parte del problema. Debido a que el tartamudo severo siempre está
apostando que algunas frases sean más fáciles que otras, está cambiando
constantemente, hasta que sus oraciones son elaboradas, pomposas, ostentosas o
germánicas. Las selecciones de las palabras forman una cadena de Markov, es decir, un patrón de probabilidad dependiente. A
partir de la sustitución y de la revisión de las frases emerge una reordenación
constante de la sintaxis.
En términos de la Teoría del Rol, el tartamudo severo muestra un deseo
irreprimible de continuar, porque ha experimentado el rol de tartamudo y trata
de negarlo. En la figura 1 que describe los roles alternantes
del tartamudo y el hablante normal, se pude observar que la representación del
rol de tartamudo o su incorporación a él lo lleva a evitarlo y a inclinarse
hacia el rol de hablante normal. Tomando en cuenta el principio de la variación
clínica, al igual que las experiencias anteriores en la adaptación a una
situación, puede prever que lo superará a medida que avanza. Por lo menos en la
psicología de la especulación de la tartamudez, resulta una posibilidad
atractiva volver al rol de hablante normal. Por esta razón, se mantiene
utilizando trucos que alargan los discursos como "este" o
"bueno", para mantener el uso de la palabra y evitar cualquier amenaza
de interrupción. Para la audiencia, siempre parece como si estuviera tomando
decisiones agonizantes para continuar más allá de la necesidad.
¿Cuáles son las implicaciones para la terapia? El tartamudo necesita
aprender a tartamudear abiertamente. Necesita, en primer lugar, continuar con
cada palabra seleccionada originalmente, sin toma en cuenta las dificultades
previstas. ¡Se acercan los torpedos; a toda velocidad! La frase anterior podría
ser el lema de todos los tartamudos. La evitación exitosa, ya sea por la
sustitución de las palabras o la revisión de las frases, refuerza los actos
instrumentales que llevan a adoptar un comportamiento similar en el futuro, y
aumenta el depósito de temor. La confrontación fundamental con palabras y
situaciones atemorizantes presenta más dificultad. Nunca hemos conocido en la
clínica a un tartamudo que supere el problema mientras insiste en evitar
palabras.
El comportamiento que adoptan los tartamudos de dilatar el discurso les
impide expresarse normalmente, los conduce a hacer pausas inútiles antes de
cada palabra que les genera temor y a adoptar un modelo robotizado en el habla
de muchos tartamudos severos. Como una medida terapéutica, con frecuencia es
necesario enseñarle al tartamudo que las palabras en español no se pronuncian
una por una haciendo una pausa después de cada palabra como se hace en el
escrito, sino que se expresan como porciones integradas de unidades de la
frase. Mediante este procedimiento no nos referimos a la
"fraseología" y a su "combinación" que han sido típicamente
empleadas en la terapia del habla como simples trucos para evitar tartamudear.
Por el contrario, se puede enseñar al tartamudo a correr riesgos y a
exponerse al miedo que le produce el silencio, permitiéndose realizar pausas en
su discurso. Las pausas se realizan para enfrentar el miedo, no para evitar
los posibles bloqueos. Las pausas le permiten al tartamudo respirar adecuadamente
de manera que no trate de pronunciar las palabras con esfuerzo y con el aire
residual. Cuando va acompañado de "un margen de seguridad" mediante
el ejercicio de la tartamudez voluntaria o la falta de fluidez tolerada, el
cambio de la fraseología del tartamudo puede conllevar una mejora sorprendente.
Además, las pausas ayudan al tartamudo a resistir la presión de las personas que
lo escuchan y a rechazar la presión del tiempo que se impone a sí mismo (Sheehan, 1958; Stunden, 1965).
La expresión de la presión del tiempo es una fuente importante de
inhabilidad para terminar, debido a que está relacionada con la desorganización
sintáctica, el temor al silencio y el optimismo de fluidez. El tartamudo puede
desarrollar una tolerancia al silencio, a la falta de fluidez; puede rechazar
cada invitación a sustituir palabras o frases, puede expresarse razonablemente
y aprender a desistir cuando deba hacerlo. Como el esfuerzo que ha realizado
para negar su tartamudez es una fuente importante de maniobras que prolongan el
discurso, sólo los pasos que se destacan de la terapia serán catalizados por la tartamudez abierta y la aceptación real
del rol de tartamudo[1].
Características
de la Terapia ROLE-TAKING
Le
ofrecemos una variedad de terapias a cada tartamudo, quien debe seleccionar las
más pertinentes para
él. Después de
salir de la
clínica, el tartamudo comienza a perder algo de la culpa que le produce
un tipo de acción de la terapia, el tipo de comportamiento de la terapia.
Una desventaja de la terapia ROLE-TAKING es que si el tartamudo no representa
los roles en realidad, se siente culpable. Como se indicó anteriormente, la
culpabilidad puede ser vista como la experiencia personal del fracaso en la representación
de roles de acuerdo con la concepción del sí mismo. La vergüenza es el
equivalente público de la culpa. Básicamente, la vergüenza y la culpa son
importantes en la tartamudez. Con frecuencia la tensión resulta del esfuerzo de
la persona para resistir exponerse, esto es, su esfuerzo por mantener la parte
de culpabilidad debajo de la superficie y evitar que iguale la parte de
vergüenza de arriba.
Para el tartamudo, el término "ocuparse de su lenguaje" es tan
vago como traicionero. Con frecuencia se
refiere a cualquier esfuerzo anterior para pronunciar las palabras. Es mucho
más difícil enseñar a mantener una fluidez derivada, aunque también es mucho
más importante hacerlo. Para lograr una fluidez derivada, debemos informarle al
paciente los siguientes aspectos: a) eliminar todas las islas de evitación,
hasta el mínimo esfuerzo de restricción. Mantener la iniciativa, enfrentar cada
situación que represente un reto; b) monitorear; c) expresarse y tartamudear
abierta y fácilmente. Darle a conocer a la otra persona lo que está haciendo,
este es el principio básico de la tartamudez; d) la idea de karma puede
convertirse en algo importante. Lo que se hace hoy es significativo por lo que
se hizo ayer y lo que vas a hacer mañana es un producto de lo que se está
haciendo hoy. Trabajar para el futuro: sobresatisfacer
el temor en el presente y la próxima vez que se encuentre en una situación
similar tendrá menos miedo y podrá hablar mejor (este fue uno de mis lemas personales
y tuvo un efecto profundo en mi progreso); e) se debería tratar de tartamudear
más en cualquier tipo de situación que en aquella en la que tiene que
tartamudear. Si se mantiene la sobresatisfacción del
miedo en lugar de disfrazarlo, como casi todos los tartamudos ingenuos tratan
de hacerlo, se produce una profunda disminución de la tendencia a la evitación.
¿Por qué tienden a mejorar los tartamudos profesionales (aquellas
personas que investigan la patología del habla)? No sólo por la magia imprecisa
de la atmósfera clínica, sino porque constantemente nos presentamos como
tartamudos. Tenemos curiosidad al respecto, estamos fascinados. Todo es muy
importante. No se trata sólo de estar en una clínica sino de aceptar por completo
el rol.
Para los adultos, una característica paradójica del problema es que la
aceptación del rol como tartamudo los conduce a ser capaces de desempeñar el
rol de un hablante normal y el intento de convertirse en un hablante completamente
normal los lleva nuevamente a representar el rol de tartamudo.
La
jungla de la tartamudez
¿Cómo adquiere alguien el rol de tartamudo? Y, ¿cómo emerge de su rol?
¿Cómo es que aquellas personas que comparten la tartamudez tienen tan poca
afinidad en otros aspectos? Con el fin de esclarecer esta pregunta, tenemos que
resumir mucho de lo que se ha dicho hasta aquí. El diagrama esquemático denominado
"la jungla de la tartamudez" se presenta en la figura 6. Siguiendo
primero la flecha de la izquierda, se encuentran muchos caminos que conducen a
la parte central, la jungla llamada tartamudez. Muchos caminos conducen a
Roma... y a la tartamudez. Una vez que se está adentro, la ruta de entrada es
menos importante que las condiciones en desarrollo, esto es el reto de que sobreviva
la habilidad para comunicarse.
Partiendo de la búsqueda de un ocupante de la jungla, no siempre podemos
decir cómo entró o cuál de los diferentes caminos puede proporcionarle la mejor
salida. Todos los caminos de salida, que se ven en el lado derecho, van desde
el interior de la jungla pero no muestran necesariamente ninguna relación con
el punto de entrada. Asimismo, es posible que los procesos de recuperación con
o sin terapia no tengan una gran correlación con el origen y los factores de
comienzo forzoso.
Sin embargo, podemos hacer algunas afirmaciones acerca de la
recuperación como un proceso del rol del aprendizaje. En primer lugar, la
recuperación es gradual. A nadie lo catapultan desde el interior de la jungla.
En segundo lugar, cuatro de cinco encontrarán su propio camino hacia fuera. Los
pacientes que llegan a la clínica ya adultos están en el desafortunado 25% que
no lo logran solos (Sheehan y Martyn,
1966, 1970; Martyn y Sheehan,
1968). En tercer lugar, la edad crucial para el cambio de rol también ofrece la
mejor oportunidad para recuperarse de manera espontánea. Los años de transición
de la infancia a la pubertad, de 11 a 14 años de edad, y de la adolescencia a
la edad adulta, de 19 a 22, parecen especialmente propicios para recuperarse.
Por inferencia, estos deberían ser los años de disposición óptima para asimilar
los cambios de rol que se incluyen en la terapia. Estos pueden ser los mejores
años para guiar al tartamudo hacia la salida, hacia la completa recuperación
que ahora sabemos que no sólo es posible sino también realizable.

Figura 6. La jungla
de la tartamudez
[1] Tal como hemos enfatizado a lo largo del libro, la tartamudez no es una
condición sino un estilo de comportamiento. Recientemente, Dean
Williams (1968) criticó el enfoque de la aceptación
de la tartamudez basado en que históricamente se ha originado de una
predisposición orgánica, en otras palabras, de un concepto de disfemia de la tartamudez. Coincidimos con Williams en que la disfemia es un
concepto desacreditado. Sin embargo, nuestro apoyo al enfoque de aceptación de
la tartamudez tiene un origen distinto. En la teoría del conflicto de
aproximación-evitación, el comportamiento de restricción es fundamental para la
tartamudez. ¿Por qué el tartamudo lucha, hace muecas y
desarrolla el "museo del andar"? Debido a que el tartamudo no
considera su situación como producto de algo que hace, como su comportamiento
aprendido. Nunca hemos creído en el origen orgánico de la tartamudez aun cuando
ganamos experiencia de los primeros escritos de Travis
y West. Aceptamos la tartamudez no porque creamos que
es orgánica, sino porque esta aceptación responde a una necesidad social y
clínica, seguido lógicamente de nuestro punto de vista de la tartamudez como un
desorden del falso rol basado en el conflicto de aproximación-evitación.