¿Qué es la Tartamudez?

Muchos han sido los autores que han tratado de definir la tartamudez y se han tropezado con innumerables obstáculos. Algunos hacen énfasis en las conductas observables, otros tratan los factores internos, algunos los aspectos foniátricos y otros las condiciones psicológicas y factores sociales que inciden en su incremento o decremento. Muy pocos han sido aquellos que tratan de dar una definición integradora que abarque los diferentes componentes de la tartamudez.

A continuación encontrará algunas definiciones de ella, no son todas las que existen, ni posiblemente las mejores, pero sí las que hemos considerado más significativas. Usted puede agregar alguna que conozca o hacer su propia definición y la agregaremos a esta página. También puede hacernos llegar sus comentarios.

Mi definición de tartamudez:

La definición de Wingate

La definición de Wendell Johnson

La definición de Joseph Sheehan:

¿Cómo ha sido vista la tartamudez a través del tiempo?

Y usted, ¿cómo define la tartamudez?

Envíenos su definición, opinión y comentarios

 

- Mi definición de tartamudez:

La tartamudez es un trastorno que afecta el proceso comunicativo de la persona y que se caracteriza por interrupciones involuntarias en la fluidez de su habla. Estas interrupciones en la fluidez del habla se acompañan de tensión muscular en cara y cuello, miedo y stress. Ellas son la expresión visible de la interacción de determinados factores orgánicos, psicológicos y sociales que determinan y orientan en el individuo la conformación de un ser, un hacer y un sentir con características propias.

Por su parte, el tartamudo es una persona con determinadas características biológicas, que se evidencian en una forma particular de expresión verbal. Estas características biológicas son condicionadas e incrementadas por el entorno, a través de las evaluaciones negativas que de la forma de expresión verbal se hacen, tanto por parte del interlocutor, cómo del propio hablante.

(Tomado de: Rodríguez C., Pedro R. (2005). Hablan los Tartamudos. Caracas: Universidad Central de Venezuela)

- La definición de Wingate:

"Disrupciones de la fluidez de la expresión verbal que están caracterizadas por involuntarias, audibles o silentes, repeticiones o prolongaciones en la pronunciación de pequeños elementos de la palabra, especialmente sonidos, sílabas y palabras de una sílaba. Estas disrupciones usualmente ocurren con frecuencia o son notablemente distintivas y no fácilmente controlables. Algunas veces, las disrupciones se acompañan de actividades accesorias involuntarias del aparato del habla, relacionadas o no con estructuras corporales, o pronunciaciones del lenguaje estereotipadas. Estas actividades dan la apariencia de que el habla se relaciona con esfuerzo. También ellas son frecuentemente indicadoras o informadoras de la presencia de un estado emocional que se mueve a causa de una condición general de agitación o tensión, de una emoción más específica de naturaleza negativa semejante al miedo, turbación, irritación o algo parecido". (Wingate, 1964, pag. 498)

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Tomado de: Wingate, M.E. (1964). A standard definition of Stuttering. Journal of Speech and Hearing Disorders, 29, 484-489

- La definición de Wendell Johnson:

"Una reacción de escape anticipatoria, aprehensiva e hipertónica". Más adelante afirma: "tartamudear es lo que hace el hablante cuando 1) espera que ocurra el tartamudeo, 2) lo teme, 3) se pone tenso al anticipar su ocurrencia y 4) al tratar de evitarlo".

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Tomado de: Johnson, W. (1959). Toward Understanding Stuttering. Illinois: National Society for Crippled Children and Adults, Inc.

 

- La definición de Joseph Sheehan:

"La tartamudez es un desorden en la presentación social del Sí-mismo. Básicamente, la tartamudez no es un desorden del habla, pero el conflicto se resuelve alrededor del Sí-mismo y el rol, es un problema de identidad. Formalmente, en términos de la Teoría del Rol la tartamudez es mayormente vista como un claro ejemplo del conflicto del rol de Sí-mismo. Como un desorden, representa un rol específico". (pag. 4)

Y se refiere al tartamudo en los siguientes términos:

"El tartamudo puede ser definido como una persona que manifiesta en un grado tal que lo separa del resto de la población algunos o más de los siguientes grupos de síntomas:

1.- Bloqueos, demoras, muecas, compulsiones, repeticiones, prolongaciones u otras rupturas en el ritmo fluido del habla.

2.- Miedo o anticipación de los bloqueos, miedo a la incapacidad de hablar o síntomas relacionados, anteriores a las palabras o a situaciones de conversación.

3.- El concepto del Sí-mismo, el cual incluye verse a sí mismo como tartamudo, con bloqueos al hablar o como una persona carente de fluidez en su habla normal". (pag. 10)

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Tomado de: Sheehan, JG. (1970). Stuttering: Research and Therapy. New York:: Harper & Row.

 

- ¿Cómo ha sido vista la tartamudez a través del tiempo?

Indagando a través del tiempo, se obtienen indicios de que la tartamudez es tan antigua como la aparición misma de la interacción verbal. Una de las primeras pruebas de su existencia lo constituyen los jeroglíficos egipcios, donde aparecen algunos ideogramas que representan a un hombre que tartamudeaba.

Van Riper (1973) comenta que uno de los primeros tartamudos de los cuales se tienen noticias ciertas fue Moisés. Al revisar la Biblia se encuentra que ésta hace alusión a la dificultad de Moisés para expresarse:

(Exodo IV, 10) "Moisés dijo a Yavé: "Te suplico tengas presente que yo nunca he tenido facilidad para hablar, ni aún después que tú me hablaste, pues no encuentro palabras para expresarme".

(Exodo VI, 12) "Moisés dijo a Yavé": "Si los hijos de Israel no me hacen caso. Cómo pretendes que me escuche el Faraón, siendo además yo de lengua tan torpe?".

Pero Attanasio (1997) en un ensayo titulado "Was Moses a person who stuttered? Perhaps not" niega tal versión y afirma que Moisés no era una persona tartamuda, sino que padecía un desorden orgánico estructural que afectaba su articulación y la inteligibilidad de su lenguaje.

La literatura antigua hace referencia a las descripciones que, sobre la tartamudez hacían pensadores como Hipócrates (337 a.c.), Aristóteles (322 a.c.), Galeno (199 a.c.) y Avicena (980 - 1037 d.c.). Algunos escritos atribuyen a Demóstenes un hablar tartamudeante, pero Farelio su contemporáneo, desmiente tal versión al afirmar que lo que le sucedía a aquel era que no podía pronunciar la "R".

Virgilio, Erasmo, los reyes Carlos I y Eduardo VI de Inglaterra, Charles Darwin, Leigh Hunt y Anevrin Bevan son mencionados por Van Riper (1973) como tartamudos. Sheehan (1973) añade a esta lista a Marilyn Monroe e indica que artistas de la TV norteamericana como Gary Moore y Jack Paar fueron tartamudos en algún período de sus vidas.

A la tartamudez se le han atribuido los más diversos orígenes. Por ejemplo, en el año 1363 el cirujano Guy de Chualiac publica su obra "Grande Chirurgie" y en ella afirmaba que la tartamudez podía generarse de las convulsiones, las úlceras y algunas afecciones de la lengua, pero más frecuentemente, podía provenir de la humedad que irrigaba los nervios, los músculos y la substancia de la lengua.

Bacon en 1627 pensó que la tartamudez se debía a una refrigeración de la lengua y que esto impedía su movilidad.

En el siglo XVIII (año 1772), Sauvages señala como causa de la tartamudez la dificultad del movimiento del velo del paladar, de la úvula y de la base de la lengua, como consecuencia de una debilidad de éstos órganos. De esta misma época son los trabajos de Berger en 1756, Wieler y Reil en 1792 y Arnott entre los años de 1788 y 1874 quien atribuía la tartamudez a un espasmo glótico.

En 1817, Itard aseguraba que la tartamudez era una afección espasmódica, causada por una disminución de la motricidad de la lengua y la laringe.

En 1820 Mc Cormack, médico inglés, habla de un trastorno respiratorio como origen de ella.

Serre D'Alais en 1829, plantea que la tartamudez es una afección nerviosa que presenta dos variantes: primero una corea de los músculos articulatorios que producían movimientos involuntarios de los labios, lengua y glotis; segundo, una rigidez tetánica en la musculatura propia accesoria de la voz y la respiración.

Deleau atribuía el origen de la tartamudez a la falta de voluntad, trabajo cerebral incompleto e insuficiente influjo nervioso para dirigir convenientemente la palabra.

En 1841, el alemán Dieffenbach plantea que la tartamudez es debida a una desviación de la lengua y que haciendo una incisión en ella podía corregirse el defecto. Amussat atribuía ésta a una mala conformación o a un exceso de contracción de los músculos genioglosos que determinaban deformaciones, desviaciones o acortamientos de la lengua.

En 1937 aparece en París un trabajo del Doctor Pichón basado en las observaciones de Madame Borel-Maisonny, donde plantea que la tartamudez es una alteración de la función lingüística. Pichón y Borel-Maisonny afirmaban que:

"Los tartamudos están afectos esencialmente a una insuficiencia linguoespeculativa; es decir, que sea cual fuere por otra parte la cualidad de su inteligencia, tienen dificultad para formularse su pensamiento en el molde del lenguaje. Lo que en nuestra opinión constituye realmente la tartamudez es la colaescencia dispráxica entre la insuficiencia linguoespeculativa y el tartamudeo" (Pichón y Borel-Maisonny, 1973, pag. 22).

A principios de siglo, Freud publica sus primeros trabajos y el psicoanálisis invade el campo de la tartamudez. Términos como los de histeria, fijación, neurosis obsesivo-compulsivas y otros son utilizados para explicarla. Por ejemplo, Steckel en 1906, afirmaba que la tartamudez era producto de una neurosis de ansiedad que comenzaba en la niñez. Entre 1926 y 1928, Clark y Coriat afirmaban que la tartamudez era el desarrollo de una fijación de la etapa anal u oral en el desarrollo sexual y que sus síntomas eran el reflejo de movimientos tales como los de mamar o expulsar las heces.

Para la misma época, en los países de habla inglesa, se plantea una teoría sensorial. Bluemel señala que el defecto esencial es auditivo y tendría relación con las "sorderas verbales". Este autor plantea que cuando un niño oye correctamente una palabra, normalmente es capaz de reproducirla y que las palabras son retenidas mediante procesos mnésicos. Si éstos procesos mnésicos son defectuosos, la palabra, aunque haya sido oída correctamente, es repetida de manera defectuosa. Si el sujeto habla mal, se oye mal y al oírse a sí mismo mal, su memoria retiene palabras distorsionadas, estableciéndose así un círculo vicioso de tartamudez.

En 1946, y dentro de la más pura tradición psicoanalítica, Otto Fenichel plantea:

"El psicoanálisis de los tartamudos revela el universo sádico-anal de deseos como base del síntoma. Para ellos, la función del habla tiene por lo general un significado sádico-anal. Hablar quiere decir, primero, la expresión de palabras obscenas, especialmente anales; y, segundo, un acto agresivo contra el que escucha. La expulsión y retención de palabras significa la expulsión y retención de heces, y en realidad la retención de palabras, así como anteriormente la retención de heces, puede ser bien una reaseguración contra una posible pérdida o una actividad autoerótica placentera. Se puede hablar, en el tartamudeo, de un desplazamiento hacia arriba de las funciones del esfínter anal". (Fenichel, 1946/1960, pag. 312).

En los años 60 y 70, la suposición fundamentada en las concepciones del Condicionamiento Operante, de que la tartamudez era una conducta aprendida y por lo tanto modificable a través de procedimientos basados en sus principios, inundó el ambiente de programas terapéuticos basados en la tecnología operante, innumerables técnicas, usos de aparatos y sofisticados programas de rehabilitación fueron propuestos como terapia eficaz para la "cura" de la tartamudez (Brutten and Shoemaker, 1967; Azrin, Jones & Flye, 1968; Gray and England, 1969; Siegel, Lenske and Broen, 1969; Brady, 1970; Shames, 1970; Brutten, 1970; Peins, Lee and Mc Gough, 1970; Murphy, 1974; Egolf, Shames and Blind, 1971; Ingham and Andrews, 1973; Timmons and Boudreau, 1972; Ryan, 1970, 1974; Hanna and Morris, 1977; Costello, 1980; Starkweather, 1980).

Tal como lo refiere Curlee (1993) en este período la técnica y la rigurosidad metodológica se impusieron a pesar de los fracasos de esas técnicas para generar efectos permanentes.

El problema se centró en la utilización de estrategias para medir y reducir el bloqueo y no en las causas que lo generaban. Si no se lograba el éxito esperado, la culpa era de la persona que no se adecuaba con rigurosidad a la estrategia diseñada ya que la técnica era correcta y estaba exenta de errores. El tiempo demostró lo contrario y autores como Ingham (1993) hablan de la inadecuación de las técnicas para medir la tartamudez, la cuestionable validez de ciertos enfoques terapéuticos y la falla en la solución de problemas tales como la generalización y el mantenimiento de la fluidez. Las técnicas conductuales decayeron para revivir la perspectiva neurofisiológica y darle paso a la investigación en este campo (Pool, Devous, Freeman, Watson and Finitzo, 1991; Smith, Luschei, Denny, Wood Hirano and Badylak, 1993; Fox, Ingham, Ingham, Hirsch et al., 1996) y a la búsqueda y uso de agentes farmacológicos que controlaran las alteraciones del habla de los tartamudos (Friedman, 1990; Brady, 1991; Harvey, Culatta, Halikas, Sorenson et al., 1992; Kampman & Brady, 1993; Ludlow & Braun, 1993; Rothenberg, Johannsen, Schulze, Amorosa et al., 1994; Makela, Sullivan & Taylor, 1994; Costa & Kroll, 1995; Gordon, Cotelingam, Stager, Ludlow et al., 1995). Mas recientemente encontramos algunos estudios genéticos (Yairi, Ambrose & Cox, 1996; Felsenfeld, 1996), que unidos a los ya mencionados trabajos en el campo de la fisiología cerebral, nos hacen pensar en la explicación biológica de la génesis de la tartamudez que unida a las experiencias sociales traumáticas que todo tartamudo debe enfrentar, hacen de ella un problema complejo de difícil solución que debe abordarse de manera integral y tomando en cuenta el contexto donde el tartamudo se desenvuelve.

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Tomado de: Rodríguez C., Pedro R. (1998). El grado de favorabilidad del estereotipo y su relación con las conductas percibidas y adoptadas delante del tartamudo. Caracas: Universidad Central de Venezuela.